24.5.08

Revista ADN

Gritos y susurros.
De qué habla la gente de la cultura cuando casi nadie la escucha. [Ver nota.]

15.5.08

Mayo

Carne Argentina llegó a La Tribu

Mudarse supone siempre sentimientos encontrados: la excitación de cambiar de casa, de reinventarse en otro espacio versus la melancolía por el viejo hogar, el apego por aquellos que fuimos entre esas paredes.
Mudarse supone siempre un lío: embalar cosas, deshacerse de trastos inservibles, toparse con fotos del pasado.
Mudarse es un derroche de energía y mudarse es, al mismo tiempo, una inyección de energía.
Mudarse, tarde o temprano, hay que mudarse. Los árboles: las hojas; los animales y los humanos: el pelo, la piel. Los minerales también mudan a su manera.
Carne Argentina se mudó a La Tribu. Corrimos la lona de la toldería la noche del martes 13 porque no importan los días de mala suerte si hay noches de buena estrella. Y para dejar atrás las tinieblas y las cortinas de humo, invitamos a tres escritores bien luminosos. Jimena Néspolo, Ariel Magnus y Leo Maslíah brillaron en este nuevo pequeño cielo que se abrió para nosotros en Lambaré 873.
Muy agradecidos con ellos, con los espectadores de siempre y con los muchos nuevos que se sumaron, con toda la gente de La Tribu, con Beto que vino a darnos su bendición mántica y nos prestó algunas cosas hasta que nos acomodemos.
Muy agradecidos.
Dicen las viejas que lo que no mata, fortalece.
Carne Argentina está más viva que nunca.

Proclama [texto de bienvenida]

Bienvenidas a la tercera temporada, queridas vaquillonas, con enorme gusto las recibimos en el nuevo frigorífico de La Tribu donde un glorioso horizonte se abre para la carne argentina. Desde la aciaga noche del desabastecimiento despunta con fuerza el mugido esplendente que convoca a los escribas de las provincias unidas del río de la plata y la banda oriental. Como en una proclama que sienta reales henos aquí reunidos para manducar el manjar cárnico y lanzarnos al festín jugoso porque aquí está Llegando la Carne.

[Sonó: Mejor no hablar (de ciertas cosas), Sumo]

Fidelidad bovina

[Vaca-yendo gente al baile!]

Jimena Néspolo [El candor más lejano]

Ariel Magnus [Un chino en bicicleta]

Leo Maslíah [selección de relatos]

Maslíah by Clara Muschietti

26.3.08

Para hincar el diente

Hacemos este ciclo porque nos encanta lo que pasa cuando alguien se planta y nos lee en voz alta su propia obra. Pero qué le pasa al que lee, qué lo atraviesa, lo ilumina, lo retrae durante la lectura?
Llamamos a los autores que engalanaron las veladas de Carne Argentina y les preguntamos:

1-¿Qué te provoca leer en público?
2-¿Qué relato o poema de otro autor te gustaría leer en público?
3-¿Cuál es tu corte de carne favorito?
Ahora los invitamos a ustedes a degustar sus respuestas.
-
Laura Pratto leyó poemas de su libro Alcance y de otro inédito que edita a fin de año Bajo la luna.
1-Me desafía a exteriorizar ese tono de los poemas que hasta entonces permanece como una clave interna, poder acentuar el peso específico de determinados versos o palabras, independientemente de que cada persona pueda hacer su lectura particular. Al leer en voz alta, me sorprendo al descubrir que nunca cierra el sentido de un poema del mismo modo, los vaivenes de la textura de la voz y las infinitas variables que hacen que esa textura no sea dos veces igual terminan por imprimir también una textura diferente en el poema cada vez.
2- "La inconstancia", de Mirta Rosenberg.
3- Hace quince años que no como carne, espero no ser recusada del ciclo.
Ezequiel Zaidenwerg leyo poemas inéditos (agosto de 2oo8)
1- Es una experiencia análoga, pero empobrecida (no hay mar, ni sol, ni arena que justifiquen la aventura), a la de una playa nudista: uno está completamente expuesto ante los otros que, sin embargo, no están verdaderamente interesados en ver lo que uno piensa que debería estar ocultando.
2- Anoche, antes y después de la lectura, me encontré repitiendo los versos "Chacales que el chacal rechazaría / piedras que el cardo seco mordería escupiendo / víboras que las víboras odiaran", de "Explico algunas cosas", de Neruda. Supongo que alguna vez me gustaría leer ese poema en público.

3- Tengo una marcada predilección por las vísceras: las mollejas y los chinchulines encabezan mi ránking personal. Chorizos y morcillas, asimismo, me gustan con pasión. A la hora de los cortes, soy bastante clásico: mi favorito es el asado de tira, con el bife de chorizo un escalón por debajo. Por otra parte, no quisiera dejar pasar la oportunidad de señalar que soy enemigo acérrimo del vacío, un corte que, como su nombre lo indica, carece de sustancia.
Marcelo Guerrierri leyó el relato "Cada tanto Normita", (julio de 2oo8)
1-Durante la lectura busco meterme en el texto y olvidarme de todo lo demás, dejarme llevar por la historia y que sea la recreación de imágenes la que vaya marcando el ritmo y el tono. Cuando funciona, la sensación es muy placentera; no es la sensación de estar leyendo un texto, mas bien de estar dentro del texto. Para sentirme seguro suelo practicarlo bastante en casa, grabarme, ensayar pausas; con esta base arranco. La cosa funciona entonces como en dos planos, por un lado el trance de estar metido en la historia y por otro las reacciones que me llegan del público y me orientan. Lo vivo con mucha intensidad.
2-“Luvina” de Rulfo. La voz del narrador es muy clara y a la vez genera una atmósfera entre onírica y oprimente; la musicalidad de la prosa potencia este efecto; un desafío para lectura en vivo. Otro que se potencia leído en voz alta: "Las fieras" de Arlt.
3-Me cuesta imaginar un corte de carne separado de su entorno. Una buena combinación: asado de tira corte americano en “Lo de Charly” (más que parrilla, un santuario de la alegría en Villa Ortúzar, ¡¡¡abierto las 24 horas!!!) bien rociado de chimichurri, tinto de la casa, amigos, larga charla que se prolonga en una de las mesas de la vereda, más asado, más vino, fritas...
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Rodolfo Edwards leyó su libro "Mosca blanca sobre oveja negra" y un poema inédito con papel picado (junio de 2008).
1-Leer en público siempre me ha gustado. Desde muy chico soy muy afecto a “declamar” o “decir” mis poemas en voz alta, solo o acompañado. El último testeo de un poema mío es justamente la lectura en voz alta, así se ajustan el ritmo, los sonidos. En la época en que empecé a frecuentar medios literarios (comienzos de los 80) no era muy habitual leer en público; mucho tenía que ver la situación política de ese entonces, pero también eran todavía muy fuertes las poéticas autónomas, mallarmianas: había una frase que solía escuchar muy seguido: “mis poemas son para leer, no para recitar”. Recién con la aparición de las movidas artísticas con centro en el Parakultural, apareció gente como Batato Barea que pusieron otra vez la poesía en un escenario, y así se recuperó el gusto musical que tiene toda gran poesía. Leer en público me provoca gran alegría, sobre todo cuando se establece una onda con la gente. Claro que uno corre el riesgo de ser acusado de barrialista, grasa, demagogo, populista u otros delitos incluidos en el Código Penal. Conozco a un crítico, que nunca escuchó a Stan Kenton, que está oficiando de jurado para determinar quién es cool y quien es bisagra en la poesía argentina…Tuve todo tipo de experiencias de lectura, desde un auditorio de dealers en el Abasto hasta un antro donde se hacían reuniones de solos y solas. Una aclaración: cuando el público habla o hace ruidos entre las mesas, nunca hay que pedir silencio ni calentarse; si lo que estás haciendo arriba del escenario no es interesante, la gente no te da bola. Hay que saber ganarse el aplauso que siempre será la joya más preciada de un artista. Quien lo niegue, está mintiendo.
2-Me gustaría leer un poema de Baldomero Fernández Moreno titulado “El poeta y la calle”. Tiene una ternura demoledora. “Madre, no me digas:/-Hijo, quédate/cena con nosotros/y duerme después…/Estás flaco y triste,/me hacés padecer (…) La calle me llama/la noche también…/Hasta luego, madre,/voy a florecer.”
3-Adoro la carne. Esta pregunta me calza como guante a los dedos. Una vez un amigo me llevó a un restaurante vegetariano. Sentí náuseas. Sujetos pálidos, mal sintonizados, enfermos, comían unas cositas verdes y anaranjadas. Parecían ratitas de laboratorio en manos de científicos degenerados. Me sentí como en la guardia del Argerich. Mi corte preferido es el asado de tira, pero si pinta un rico vacío me lo morfo sin ningún problema. De las achuras: el matrimonio, el chori y la morcilla. Todos los lunes como puchero. En ese caos carnívoro, en el mar de sopa cayendo como lava desde un volcán boquense, siempre en erupción, prefiero el espinazo.
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Irene Gruss leyó fragmentos de su nouvelle "Una letra familiar" (junio de 2oo8).
1-Pavura y alegría; pero más pavura.
2-Algún poema de Elba Fábregas o cualquier relato de Chejov o The dead, de Joyce, en español, por supuesto.
3-La arañita o la entraña.
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Ariel Magnus leyó dos capítulos de su novela Un chino en bicicleta (mayo de 2oo8).
1-En principio, vergüenza y nerviosismo. Pero después, una vez que arranqué, algo parecido al placer.
2-Creo que Cela o Bernhard deben sonar muy bien leídos en voz alta, habría que probar.
3-Bife de chorizo, más bien pasado.
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Jimena Néspolo leyó el relato "El candor más lejano" (mayo de 2oo8).
1- Pánico y placer.

2- "Miseria de la poesía" con la voz soberbia, furiosa e implacable de Julio Llinás. Esa voz que yo no tendré nunca.
3-
La lengua, supongo.
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Leo Oyola leyó capítulos de su novela Chamamé (junio de 2oo6 y abril de 2oo7)
1-Me encanta. Sobre todo si estoy seguro, si estoy en paz con mi texto, me gusta mucho "salir a la arena". Siendo discípulo de Laiseca creo en eso: en divertirnos narrando. En pasar, uno, y dar, a los que escuchan un momento agradable.
2-Estuve mirando cuentos de Irvine Welsh del libro de relatos Acid House. Para la película eligieron 3 de los 18 que hay. Lo que siempre me pasó con las traducciones de Anagrama -me imagino que lo mismo a ustedes- son los galleguismos. Pero con esa salvedad me llegan mucho, lo mismo que las películas de Ken Loach, o todas las de revisionismo de los '80 onda Billie Elliot, Full Monty, bla, bla, bla, lo similares que somos las clases medias de ambos países más allá de que nos separe un océano y una guerra. Lo que nos emparenta la música y el fútbol. Sí, me gustaría leer algo de la Casa del Ácido. Me sentiría muy cómodo con ese material.
3-No sé si en mi caso sería justo o correcto hablar de un corte de carne favorito. Lo que prefiero es comer carne cada vez que se pueda.
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Federico Levin leyó el relato "Sombra" (octubre de 2006)
1-Leer en vivo es una instancia de la producción literaria que suele ser subestimada. Se le atribuyen los males del glamour y la autogestión masturbatoria. Diría que, respecto del glamour, se trata de todo lo contrario: bajar al escritor de ese firmamento, de la distancia y lo eterno del libro impreso, y ponerlo cara a cara, en el barro de lo fugaz. Lo que me pasa cuando leo es que siento la excitación del momento único, efímero (eso tendría que ver con aquello de lo masturbatorio que, para mí, no tiene nada de malo, por el contrario). Una de las cosas por las que me gusta leer en vivo es que me permite reafirmar, o terminar de entender, la musicalidad de mis textos. Eso ayuda también para corregir. También sucede que el lector hipotético con el que uno trabaja se vuelve de pronto individualizable, incluso grupal, entonces, si se presta atención, la textura del silencio y las miradas durante la lectura, el tipo de atención que prestan, también sirve para entender un poco más lo que uno intenta hacer al escribir.
2-La aventura de un miope de Italo Calvino, o Las tiendas color canela de Bruno Schulz.
3-Para la parrilla, el ojo de bife; para cocciones largas, el osobuco, especialmente la carnecita escondida en el hueso, para comer sobre un pan con manteca y unos granos de sal gruesa.
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Fernando Veríssimo leyó el relato "Toto" (octubre de 2oo6)
1- Últimamente no me provoca leer nada en público porque no estoy escribiendo y porque ando desencantado del universo literario vernáculo y sus epítomes de laya diversa. (A ustedes tres lo quiero porque son buena gente, talentosos, limpios, cariñosos y siempre fueron muy amables y generosos conmigo. Les cuento que muchas veces los extraño así que un día me voy a animar a no ser tan perejil y a encontrar un ámbito propicio para tomar una cervecita o un café con Vds.) (El paréntesis anterior no tiene nada que ver con la respuesta propuesta bajo la notación "1." pero me parecía buena oportunidad para hacérselos saber.)
2-Creo que la primera respuesta, exceptuando los paréntesis, responde también a la pregunta nominada "2." En caso de tratarse de una cosa absolutamente hipotética, ponganlén un Bernardo Soares, un Steven Millhauser ponganlén...
3-El vacío, sin duda. Es un corte de lo más zen, según mi criterio tan poco oriental y budista.
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Juan F. García leyó poemas inéditos y de su libro "Ramos generales" (julio de 2oo7)
1-Según las circunstancias, los lugares, la gente que concurre a las lecturas. Me gusta leer para mis amigos (escribo para ellos, en general) y mientras vea una cara amigable, todo fluye. No soy muy performático, así que no me incomodo demasiado con la escena, siempre y cuando la luz sea la adecuada para mi alto astigmatismo. Y también es el lugar y el tiempo de poner en la parrilla (valga la imagen tan cara a vuestros vicios carnificinos) nuevos textos.
2-Dar clases tiene mucho de puesta en escena, por lo que podría decir que me doy algunos gustos. Si me dejaran, leería "Luz de provincia" de Mastronardi, completito. Aunque es tan largo que debería intervenirlo para que la platea no se inquiete. A veces estoy leyendo poemas que me encantan y pienso: "Esto lo voy a leer en alguna mesa a la que me inviten", pero siempre son mucho mejores que mis poemas, entonces prefiero abandonar la idea. Si me apuran, hoy leería cualquier poema de Amelia Biagioni.
3-Influenciado por el Gourmet digo: ojo de bife (¡gracias Dolli!); pero también, vacío, lomo carérrimo, cuadril; aunque, además de las vaquitas de la Sociedad Rural, me gustan mucho el chivito, el lechón... ¡que también son carnes argentinas, qué tanto!
-
Alejandro "Rusi" Millán Pastori leyó fragmentos de su novela La felicidad es un monoambiente (septiembre de 2oo6)
1-El otro día pensaba en eso. Resulta que cada vez que tengo que leer algo (como si lo hiciera muy seguido) me da vergüenza, me pongo nervioso, me parece que es la situación más ridícula y estúpida del mundo. Vergüenza ajena. Pero encontré cuál era el problema. Yo soy eso que comúnmente se llama “un improvisado”. Planteo estructuras simples y después veo como las relleno. Escribo cualquier cosa, pero me gustan las novelas o las historias cortitas que se terminan en el momento. Los cuentos más clásicos y bien armados no sé cómo mierda se hacen (salvo que me salgan de ojete). Así que leer en voz alta, seguir los caracteres ya ordenados con disciplina, esmero, y además atención, cuya falta debe ser la verdadera raíz del problema, me transforma en un verdadero mogólico de acero al que se le empastan las palabras y además sabe que va a cagarla en el siguiente renglón por no seguir el camino trazado. Se complica. Pero ahora lo estoy intentando, he decidido superar ese obstáculo y seguramente voy a arruinarme la vida un poquito más improvisando sobre la marcha. Capaz que una noche voy al Mantis y termino poniéndome una ferretería con el Beto.
2-Hay algunos fragmentos de “La causa justa” de Lamborghini que en ciertas ocasiones he leído a algunos que estaban por ahí. Seguramente no eran más de 4 o 5 oraciones. Eso es divertido, hay partes que me le animo en voz alta porque las sé casi de memoria. También algunos relatos cortos de ciencia ficción rusa de los cincuenta o sesenta. Son muy raros. La ciencia ficción me encanta y los rusos, salvo Lem, que era polaco (eso lo puse para hacerme el que conozco) eran un tanto naif porque si se hacían los giles los mandaban a Siberia. El asunto es que los disfruto porque son bastantes desparejos, pero te encariñas. Y bueno, eso. Sí, soy un flaco posmo.
3-Y las achuras, todo eso retorcido con sabor fuerte: los riñones, chinchulines, tripa gorda rellena, mollejas... La costilla también.
-
Juan Guinot leyó el relato "Hamsters" (diciembre de 2oo6)
1-Un tamborilleo en el pecho que sube por la garganta y sale desde la boca en sones de relato. Es un estado ritual de conexión con el público, el relato, el relator, el espacio. Tal vez sea de las pocas cosas que me hacen creer en que existen fuerzas desconocidas y fantásticas.
2-Las primeras páginas de Invitación a la masacre de Marcelo Fox. El capítulo de Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, “1999 Los Hombres de la Tierra”. Algunas páginas de Ciudades Invisibles de Italo Calvino.
3-El Caracú (osobuco). La captura de esa deliciosa pieza en las profundidades de un puchero, el posterior desmonte del corazón del hueso y su destino de pan. Y, para terminar, hincarle el diente a la carne hervida a punto deshilache.
_
Natalí Tentori leyó los relatos "Exteriores/Interiores" (julio de 2oo6) y "Bonnie & Clyde" (septiembre de 2oo7)
1-Durante la previa me lleno de una mezcla de miedo y excitación. Exactamente en el minuto previo a empezar, o quizás en esos 30 o 20 segundos que anteceden a la primera palabra, sucede algo del orden de lo ritual, una construcción, una creación del silencio generalizado que (aunque a veces parezca que está durando demasiado y hay que empezar ya!) que todos están trabajando en eso y entonces se me va un poco el miedo, como si fuera una cosa de la naturaleza lo que va a suceder, como si fuera encender un fuego porque hace frío o porque hay que cocinar. Esperan escuchar algo. Cuando empiezo, las primeras tres o cuatro frases, son todavía con bastante miedo porque realmente desconozco mi voz. Y durante (hasta el final) siempre es placentero pero estoy tan metida en la trama que pierdo el registro de donde estoy o que soy yo. Lo que pasa después siempre es una sorpresa (siempre) me siento como volviendo de un trance, no entiendo si gustó o no gustó, tiemblo de miedo, no sé si saludar, irme, irme a mi casa, no sé. Por suerte en ese momento los amigos le dicen alguna cosa a uno, como para volver al eje.
2-Hoy soñé con uno de los cuentos de un libro que leí el año pasado, "Puerca a Tierra", un cuento hermosísimo, pero no sé si leería ese. Creo que leería poesía, algo de Lorca, de poeta en NY. O también un poema de Girondo, su segunda versión de "cansancio" o quizás alguito de Artaud.
3-Qué corte?.... el olor de la tira de asado a la parrilla, la grasita cayendo sobre las brasas... sin palabras, se come desde la charla previa hasta la siesta. Aunque también puedo saltar de animal y morderle la pata a un cabrito o a un cordero.
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Juan Desiderio leyó "La zanjita" (noviembre de 2oo7)
1-Taquicardia primero. Esa sangre bombeada por el corazón a mil, va al cerebro y la lectura se fortalece debido a la lucidez que provocan en especial, los glóbulos rojos que transportan oxígeno y un par de sutilezas más. Alegría al recorrer la ruta que forman los versos. Y un final orgásmico.
2-Unos cuantos poemas de Joaquín Giannuzzi.
3-El matambrito.
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Carlos Gamerro leyó un capítulo de su próxima novela Un yuppie en la columna del Che Guevara (diciembre de 2007)
1-La reacción de los lectores, tan virtual e imaginaria, al leer en público se vuelve real, aunque estén mudos, se siente en el cuerpo -para bien o para mal. Para bien, sobre todo si es un texto inédito. _ 2-Cualquier fragmento de El almuerzo desnudo, pero si pudiera leerlo como lo lee William Burroughs.

3-El asado de tira.
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Violeta Gorodischer leyó el relato "La bolsa" (agosto de 2007)
1-Una mezcla de pánico y adrenalina. Lo bueno de estas ocasiones es que uno siempre se respalda con amigos y gente buena onda que te quiere, y te invita a tomar algo, y te dice lo bien que leíste o lo bueno que estaba tu texto. Y uno les cree, claro (hay que dejarse mimar un rato, sostengo como premisa de vida).
2-Me gustaría leer algo de Félix Bruzzone, de Silvina Ocampo o de Arenas, o Echenyque (por hacer un recorte arbitrario) Son todos textos que me conmueven mucho , y creo que es lo mejor que te puede pasar a la hora de leer (en todo sentido).
3-El lomo.
_
Hernán Lucas leyó poemas de "Un tapado arena" y "Prosa del cedido por el oro" (octubre de 2007)
1-Se trata de una situación en la que el deseo es el personaje estelar. Entonces caen los amiguitos de siempre: ansiedad y dispersión; concentración y "mambo", si predominan estos últimos "leer en público" será una experiencia buena.
2-Me gustaría leer el capítulo "La cena" de la novela Las primas de Aurora Venturini.
3-El bife de chorizo, la entraña. Aunque me gustan todos. Un bife de chorizo con cebollita de verdeo por arriba y papas a la española es mi locura.
_
Emma Peel leyó los relatos "El ficus" y "Fermín" (noviembre de 2007)
1-Un calorón tremebundo que hace que sude en demasía (algunos trasnochados me han ofrecido recolectar el chivo en botellitas y revenderla como segunda marca de Pritty)
2-Me encantaría recitar las traducciones libres de Cariños A., mi escritor maldito favorito. Una de las que más me gusta es Canción de Redención de Bob Marley, los viejos piratas del aier en sus bodegas llevan africanos con mucha mugre y olor y los venden por docena al mejor postor y yo les digo:
"ayudeneme a cantar una canción de libertades
todo lo que siempre tuve una canción de libertad
canción de redencion y no muchoooo más
"haganme caso de lo que les digo
si se dejan los dread usen nopusid
y ninguna energía atómica podrá detener el tiempo
y sean felices fumando droga todo el día
de Africa a Jamaica el cambio re daaaaaaaaa!!!
3-Me encanta acariciar una buena tira de asado antes de irme a dormir (si el hueso es ancho y retacón, mejor)
_
Odiseo Sobico leyó un capítulo de su novela Parió la Fortuna (junio de 2006).
1-Últimamente, como estoy experimentando mucho con cada párrafo e imponiéndome cuestionamientos radicales sobre lo que representa la necesidad de querer contar una historia, cada vez que leo ante alguien, sea uno o muchos, me siento desnudo, como confesándome. Lo paradójico es que no hay vergüenza como resultado, sino una suerte de disolución de mi persona, soy eso que leo y me disperso con mis palabras entre los oyentes, y cuanto más disperso me siento, más me compenetro en el texto y, paradójico, me emociono porque lo siento como ajeno, como de los que oyen, plagiándoles la intención. Es raro y gratificante. Lo difícil es terminar (o las interrupciones). Ahí debo volver a ser yo por un lado, el texto por otro y el público allá. Duele.
2-Por un lado, Isaac Babel, "Mamá, Rima y Ala", es un relato de principios del XX, pero es delicioso (aunque la traducción es medio chota), los cambios de mirada que hace son maravillosos y los personajes (sobre todo la Mamá) me resultan adorables a pesar de mostrarse todo el tiempo mezquinos y hedientos. Por otro lado, algún texto de Felisberto Hernández, porque es como estar soñando despierto o saltar sobre un inmenso almohadón de plumas. p/d: Selva, querida, imagino que tendrás a buen resguardo el libro que te presté de este autor, es un incunable, inconseguible y muy caro a mi propia historia.
3-El vacío, que te llena generosamente. En todas sus formas: al horno con papas, asado, en puchero, estofado y si uno se esmera luego de darle un hervor, lo deshilacha y se fabrica una buena "ropa vieja" con todos los ingredientes y el sabor caribeño.
_
Fernanda García Lao leyó el relato "Vertical" (octubre de 2007)
1-Efectivamente, me provoca. Es un desafío poner el texto a prueba frente a los demás. Y sentir reacciones inmediatas. Por otro lado, el hecho de contar y ser escuchado es tan primitivo que te hace sentir arañitas vernáculas en el estómago. Uno entiende con mucha velocidad si hay conexión o sorpresa en la audiencia. Si el texto es débil y no suscita interés, ves caer lectores en cada frase... Mientras uno lee, tiene un rol doble: boca y oreja. Dice en primera persona y escucha como si fuera otro.
2-Cualquiera de Bernhard, de Filloy, o un fragmento de Gombrowicz.
3-Me gustan las partes difíciles. Con poca carne, en realidad: costillitas, para chupar el hueso.
_
Juan Diego Incardona leyó el relato "El Midi" (abril de 2007)
1-Alegría. Me recuerda cuando llevaba a los chicos de Villa Celina de campamento y les contaba historias para que no hagan quilombo a la noche. Se re copaban. Mi vocación es contar historias.
2-Algún fragmento de Las aventuras de Tom Sawyer o de Huckleberry Finn de Mark Twain.
3-Entraña.
[continuará]

3.3.08

Rumores

-Che, andan preguntando cuándo volvemos... si volvemos.
-Naaaa... en serio?

24.1.08

¿Ya pensaste en tus vacaciones?

Residencia de verano “El tropezón” (writers friendly)

Antigua casona de estilo, estratégicamente emplazada en el corazón del Delta de Paraná, sobre el río Sarmiento, a sólo 40 minutos del puerto de Tigre. Con poco más de 800 m2 cubiertos, la residencia cuenta con un área de 40 hectáreas parquizadas con la flora característica de la zona y un pequeño palmar con ejemplares originarios de más de 300 años. El parque conserva 13 senderos, trazados en piedra caliza, que se internan misteriosamente en las entrañas de la isla ofreciendo al visitante un asombroso paseo. La residencia se divide en tres alas de 12 habitaciones cada una: la Delfina Bunge, sólo para mujeres, la Leopoldo Lugones, preferiblemente poetas, y la Horacio Quiroga, especialmente acondicionada para narradores.

Las habitaciones dobles cuentan con frigobar, wi-fi (atenti, llevarse la notebook), tríptico de espejos en el hall de entrada, placard con doble cuerpo espejado, baño en suite con hidromasaje, bidet y botiquín central con espejo. Las habitaciones singles (sólo en la Lugones) ofrecen conexión a Internet por pulso, heladerita de camping, baño con Inobidet. Recargo por espejo, preguntar en check-in. Actualmente está en obra, apadrinado por el Premio F a las Artes, el flamante pabellón mixto NNP (Nueva Narrativa Porteña), especialmente ideado como residencia para becarios del interior.

Salón comedor con mesa adaptable según el número de comensales (luz natural)

Biblioteca de más de 76 ejemplares (vista al río)

Videoteca

Dvdteca

Salón de eventos y convenciones (proyección continuada de lo mejor de los ciclos de lectura del año)

Karaoke de poesía de los 90

Actividades recreativas

1. Ciclo de charlas

Debates en la glorieta (enredadera natural)

Conquista del terreno mítico: El escritor y la groupie (lun. mie.vie. 9:45)

Corte y confesión: ¿Tengo una vida interesante?­ (lun. mie. vie. 10: 45)

La angustia del escritor emergente: Antologador, ¡¿estás ahí?! (lun. mie. vie. 11: 45)

2. Tereré de mi pago: rescate de la literatura ribereña (Programa de Intercambio con Artistas Nativos)

3. Atardeceres en el deck: tragos y chill out en un espacio donde se cocina la escena literaria 08 (lo in y lo out, info de concursos y todo lo que va a hacer estallar el counter de los blogs)

4. Fogones, cabalgata a la luz de la luna, cacería de ninfas, escondidillas, mancha venenosa. ¡Fiesta!

Reservas y consultas al +54-11- 4631-0252

Vengan, está buenísimo! Y el martini es free!!!!

22.12.07

Bienvenues vaches folles!

Bienvenidas al Frigorífico queridas, acomódense, siéntanse en su casa, la cámara está especialmente acondicionada para ustedes. ¿Tienen frío? Tranquilas, los maestros carniceros todavía no llegaron, pero vienen de descansar toda la noche para acometer su turno con ardiente devoción, meta cuchillo y meta chaira. Muchas de ustedes son tan finas, tan Aberdeenangus, tan de exportación, queridas…qué ricas… Acomódense que los despostadores las van a descolgar suavemente del gancho de su modorra y van a hacer su exquisita tarea en el anonimato que sólo los verdaderos artistas pueden soportar. Hace dos años abrimos la carnicería para un público selecto, compradores que buscan con denuedo los cortes más finos o el osobuco más áspero y sabroso, en este establecimiento no desechamos ni los nervios, ni los tendones, ni los cortes de segunda porque sabemos que hay un público para todo y bocas con avidez sangrienta. Acomódense en la espera amadísimas medias reses, este es el final, aquí la carnaza bloguera y su mala intención se desangra en nuestros mostradores, la moda de la literatura pasa por la picadora y se junta con la grasa de la intertextualidad o el vulgar choreo para dar forma a la gran albóndiga de la Nueva Narrativa Argentina. Hace dos años abrimos para un público que emula a Hanibal Lecter y sabe bien qué desea y cómo conseguirlo; por eso no teman, adoradas vaquillonas que llegaron al Mantis, aquí nadie miente, nadie desespera, nadie ningunea a nadie. Aquí es el final, aquí la lectura. Déjense estar, disfruten y perciban… oigan la cascada que brota de la yugular que se avecina… déjenlo estar y descrean de los agoreros que afirman que todo pasa y que sólo quedan los artistas. No es verdad… Todo pasa y lo único que queda es la Carne y esta es el último atracón del año. Entréguense al festín entonces y sepan que los carniza les deseamos un muy Feliz fin de Carne y un Próspero Churrasco nuevo.

Carlos Gamerro

Encantadora Diana

Master of the Stage!

Chabot & Chiffon

14.11.07

Los monstruos

Gabriela Cabezón Cámara [La virgen cabeza]
Juan Desiderio [La zanjita]

Emma Peel [El ficus]
Nico Favio [Bonnus musical]

martes 13 - Inaugural

Sé lo que leyeron el ciclo pasado, conozco cada fétida palabra en tus relatos, cada coma silenciosa que instila pánico. El terror que creció como el Golem, a la sombra de todo lo que no dijiste, en la fragua con que mami selló tus labios para siempre por no ser suficientemente inteligente. En cada burla con que tus compañeros de primaria te hicieron sentir una mariconcita, una boludita sin remedio, un putito miedoso e incapaz de reponerte del golpe. En todas las veces que escuchaste los murmullos, las risas ahogadas a tu espalda; como un balde de tibia sangre de cerdo en tu vestidito nuevo. Cada relato de tu miedo, cada cuento cobarde, cada poema miserable, es fruto de ese horror, de saber que todo es una farsa y percibir el vértigo de que en cualquier momento se descubra que la tenés demasiado chica, que la chupás mal. Cuando otra vez asomás la cabeza y volvés a ofrecer nada más que decepción, saber que Beatriz Sarlo te desprecia y que no vas a ser el escritor que prometías, ni la autora de referencia en las empalizadas pútridas de Puan. Cada relato demuestra que en lo íntimo no sos más que un patético vampiro envidioso transando tu nombre por nada, un cúmulo de frustración y rencor haciendo lobby para que te publiquen en la antología, un dechado de invirtud sangrienta, más muñeco que Chuky, más de plástico que la novia de Chuky. Conozco cada una de tus artimañas, que te creés muy macho pero abrís las nalgas de tu blog para que uno de esos escribas de moda que también se creen machos (el Faraón se conforma con tan poco por estos días) te ponga un comment y te deje el culito roto de soberbia. Conozco de memoria cada palabra, cada silencio que irradia pánico, sé que no podrías escribir si no estuvieras tan resentida, tan humillado. Sé lo que leyeron el ciclo pasado. Bienvenidos al martes 13 de Carne Argentina en el Mantis y apaguen sus celulares, o les mandamos a Fredy.

29.9.07

oficios terrestres/septiembre

Selva Almada/chicas lindas
Damián Ríos/poemas
Natalí Tentori/Bonnie&Clyde
Carolina Valcarcel y Ariel Elijovich/canciones

4.7.06

Cuando se termina una película no se termina, empieza otra cosa, un momento horrible de la vida: la promoción de la película. En general, cuando hago una película es para sacármela de encima. Para olvidar un tema que me viene rondando, acosando, hace años. Son exorcismos. Plasmo esas expulsiones en la pantalla para cambiar de pensamiento. Y luego de todas las instancias que implican la realización de un film -¡que elegante suena film!-, quedo agotada, exhausta, muchas veces desilusionada y otras tantas destrozada. Porque ese pensamiento que me ha perseguido como los ojos de un torturado, durante años, ha logrado atravesarme los órganos, descomprimirme la mirada y afianzarme en la vagancia. Cada vez que veo la primera copia de una de mis películas pienso en vacaciones, es lo único que se me ocurre. El fósforo de mi cuerpo aún no se recicla y sin embargo todavía falta lo peor, el momento de las entrevistas, las notas, las fotos, las preguntas que se repiten. Discutir con maquilladoras, peinadores, fotógrafas, decir una y otra vez: es que yo no soy actriz –como si solo las actrices se maquillaran- estoy detrás de cámara. ¿Y eso que tiene que ver? ¿Acaso Ed Wood para dirigir no se vestía de mujer? ¿Acaso yo para dirigir no me disfrazo de algo? ¿de qué me disfrazaré en la próxima? al menos esta es una pregunta alentadora. ¡Soy directora! Repito una y otra vez frente a fotógrafos, agentes de prensa, que me piden que baje el mentón, que sonría, que mire a la derecha, a la izquierda, a cámara. Aunque cuando llega el momento de la entrevista, “directora” ya me suena ampuloso, entonces digo “cineasta”, que es mucho peor aún. “En esta foto estás muy linda”, me dice Agustina, la coordinadora de producción, mientras miramos las fotos del making off de mi última odisea. Así me gusta llamar a los rodajes en privado. Y yo hoy, que estoy de un humor exultante y estúpido contesto, soy linda, Agustina, qué es eso de “estás”… ¿Por qué se supone que dirigir es estar señalando algo? A mí, de todas estas fotos la que más me gusta es una que estoy de espaldas. Se ve mi nuca despejada, porque llevo el pelo corto, y más lejos, de frente a cámara, se ve a un hombre y una mujer teniendo sexo: ella sentada sobre unos baúles con las piernas abiertas, él parado, hace que la penetra con violencia. A la derecha de cuadro se ve un monitor que repite la escena que yo (mi yo en la foto) tengo delante de los ojos, y frente al monitor otra nuca, la de un hombre joven que mira al monitor y se asoma de entre sus brazos una escopeta. A la izquierda de cuadro la cámara de cine y una mujer vestida de negro, con borceguíes y capucha (sí, parece una guerrillera) montada sobre el aparato, filma la escena. Y lo mejor de la foto es una niña dando la espalda a la escena de sexo, mirando a cámara (a la cámara de fotos) con ojos de loca. El hombre joven es el jefe de producción que estaba preparando las armas para la próxima escena pero se detuvo un rato en ésta. La guerrillera es la directora de fotografía. La niña es mi actriz, quien dentro de unos meses en un festival le arrebatará el premio a Mejor Actriz a Juliette Binoche y pasará a ser una eminencia en su pueblo. La foto, a mí, me parece brillante, resume muchas cosas de la película que se intenta promocionar: el sexo, la niña extraña, el rodaje caótico, las armas que invariablemente inquietan y el campo. Ah, me olvidaba, detrás de la escena de sexo se ve la llanura, y el rocío que corona. Todos los que estamos fuera del alcance de la cámara de cine estamos vestidos con ropas de nieve. Es decir: estamos mirando como dos actores se cagan de frío. Pero lo que más me gusta de la foto es que soy un extra: no tengo los auriculares puestos, no estoy mirando por cámara y ni siquiera estoy frente al monitor, y lo que es peor, no estoy señalando a nada ni a nadie ¿qué clase de directora soy? Una colada en mi propia imaginación. Elijo esa foto. No pasa el filtro. Agustina, que ya está harta de mí, no sabe si reírse o cagarme a piñas. Como todavía le queda algo de resto me pide que me vaya. Lo logré, puedo irme a casa a ver la tele o al bar de unos amigos a comprar cocaína y desnucarme hasta próximo aviso. Hace muchos años hice una película por la que todavía hago notas. Aquí y allí me siguen preguntando por esa bella pero ya insoportable obra realizada. Intenté no repetirme pero esto es imposible teniendo en cuenta que ya no me acuerdo ni por qué la hice, ni mucho menos qué dije en ese momento, así que es probable que no solo me haya repetido sino que me haya contradicho, más de una vez. En algún momento esto me preocupó, entonces intentaba releer algo de lo que había escrito sobre esa película antes de ir a las notas pautadas. Pasado determinado tiempo ya no sólo no me importa repetirme, contradecirme o enredarme, sino que no puedo leer una sola línea de las que escribí sobre aquella película. Durante un tiempo monté una estrategia: me hacía pasar por otra persona, atendía el teléfono y decía: “No, Albertina se fue a vivir al campo”. Algunos se contrariaban porque me reconocían la voz pero yo estaba tan convencida de lo que hacía que no les quedaba más que cortar y resignarse o llamar a algún colega para preguntarle si sabía algo de mi salud mental. Abandoné la frasecita del campo cuando mi psicoanalista me dijo que era la que usaban los suicidas para despedirse. ¿Todas las suicidadas utilizan la misma? No, no todos, pero es muy común entre ellos, me dijo. Y me acordé de mi amigo Ricardo que antes de subirse al piso 19 y lanzarse al vacío le informó a su hermana que se iba a vivir al campo. Dejé la frase, dejé al analista, cambié mi número de celular y me puse en manos de un psiquiatra. A cada una le duele lo que le duele. A mí ver a las palomas me hace picar la columna vertebral y las arañas me traen sueños eróticos. Hace tiempo que tengo ganas de hacer una película sobre un niño que está convencido de que su mamá es bruja. La madre todos los días al irse a trabajar se despide de sus cinco hijos diciendo “me los llevo en el corazón”. La madre es una mujer realmente pequeña y al más chico de sus hijos se le ocurre que la única manera de llevárselos en el corazón es reduciéndolos de noche. Entonces se convence de que su madre es bruja, tiene poderes especiales y eso a él le da cada vez más miedo. Entonces la madre, que es una mujer amorosa, al ver que el menor de sus hijos está sufriendo por algo que ella no entiende, intenta ayudarlo diciéndole cosas tan desbordadas de amor que al niño alienan por completo. Finalmente, totalmente extrañado de las intenciones de su madre, el niño abandona el hogar. Durante toda la película, el niño nos parece un monstruo que ataca a su amorosa madre, los otros cuatro hermanos la aman tanto como ella ama a sus cinco hijos. Cuando el niño abandona la casa, los hermanos mayores salen a buscarlo aterrados, el niño podría estar en peligro. La madre queda desolada en la casa. Los hermanos encuentran al prófugo en un terreno baldío, al descubrir que el pequeño abandonó el hogar por propia voluntad, lo increpan y el niño se suelta y dice todo lo que sabe, o cree saber, sobre su madre. El mayor se enloquece por las barbaridades del más chico y le da un golpe, el niño cae y su cabeza rebota sobre unos hierros oxidados. Muere al instante. Los cuatro hermanos vuelven a casa desesperados, buscando el pulso para explicarle el accidente a su madre. Cuando llegan, ven por la ventana de la cocina a la madre, que se está descosiendo un pequeño tajo que tiene a la altura del corazón y de allí se saca al mayor de los hermanos, al asesino primero y luego a los otros tres y al único que deja en su corazón antes de suturar la hendidura es a su hijo muerto. Una fábula siniestra sobre los equívocos del amor. Y yo me pasaría varios meses hablando sobre la maternidad y la infancia, y la imaginería de los niños, y de como ser madre es equivocarse permanentemente, y la culpa, y el miedo a la muerte. Voy a hacer una de tiros, así las preguntas son menores. Estamos tan acostumbrados a ver tiros en cine que nos parece más natural que las personas usen armas que que las personas no se entiendan. Es que en la pantalla no vemos personas sino modelos, modelos ficcionales de momentos emocionales. Espectros, a los que en definitiva las balas no atraviesan. Estoy cada vez más cerca de Tren de sombras y cada vez más lejos de poder narrar algo en forma lineal. De este mismo modo, estoy cada más cerca de los fantasmas que del mundo real. Lo importante aquí es reconocerlo y no perderse en esfuerzos absurdos de adaptación al mundo. Y entonces una vez declarado todo esto creo que puedo empezar con lo que sigue, que no es un luego sino algo que no tiene nada que ver con lo anterior. Y vuelvo, no es que sea relevante volver sino el camino, la distancia entre voy y vengo. Vuelvo a unas líneas anteriores, a eso de no poder leer lo que he escrito hace años. Me pasa algo similar con un hecho más importante: el parto de mi hijo. Lo parí en casa y fue un momento de locura tan grande que a veces creo que no me repongo de aquella que fui en esas horas. Lo parí en casa, como decía antes, y lo filmé a dos cámaras operadas por médicos, parteras y por mi mujer que parió conmigo. El material, entonces, es imperdible y hay un plano que me vuelve loca. La cámara quedó tirada en el piso grabando, se ve la puerta-ventana del living de nuestra casa, está oscuro adentro y se ve el farol de la calle y sólo se escuchan mis quejidos, por momentos pasan unos pies frente a cámara que son como unas apariciones que vinieron a visitarme aquel día. Y el plano dura minutos, minutos que se hacen interminables por lo inquietante; el sonido fuera de cuadro es contundente, y esa imagen rota de video casero es tan conveniente a lo que está sucediendo. Ese plano solo, cambia toda mi visión del cine. El plano me pone en un lugar nuevo y desconocido. El desenlace es que este material no lo pude editar, a pesar del año y medio transcurrido, y cada vez que intento verlo se me ponen los pelos de punta y me quedo mirando el enigmático plano vacío. No logro avanzar, cada vez que el plano se corta y aparece otra imagen, tengo que apretar el botón de forward para tolerar lo que sigue. Porque no solo no me reconozco, sino que es tanta la emoción que transmite ese cuerpo gordo, desbordadamente gordo, exuberante, que me hace temblar y finalmente lo apago. Recién ahora empiezo a reconocer que fui yo, que salió de mi cuerpo, durante este tiempo me parecía que le estaba robando el relato de su nacimiento a mi hijo. Es tan poderosa esa mujer a punto de parir que me resultaba un material obsceno y mezquino. Es SU nacimiento ¿que hago yo ahí? Me he pasado tanto tiempo pensando en cómo se filma la violencia, en cómo se filma el deseo, ese momento tan extraño en que el cuerpo de la otra o del otro suspende toda nuestra racionalidad. En cómo se representan esos instantes de suspensión. ¿Cómo se ponen en escena esos minutos, segundos, horas, días en que el olfato se oblitera para dar paso a otros sentidos? Aquí hago una escala y escribo lo que no puedo rodar, editar ni ver. Ese plano vacío, roto, oscuro, con ese sonido de instrumentos, voces bajitas, una mujer que gime, los pies descalzos que atraviesan y hacen que el diafragma digital de la cámara enloquezca, el cuadro levemente ladeado hacia la derecha, el farol de la calle encendido, es la mejor filmación de una escena de sexo que vi en mi vida. Una escena de sexo duro y puro, porque eso es parir. Y lo mejor de todo es que esa película de sexo desenfrenado nunca voy estrenarla, por lo tanto jamás tendré que dar explicaciones sobre como me entregué al incesto aquel memorable día.