Jorge Aulicino
Claudia Sobico
Mariela Gouiric
Nicolás Correa
Pablo Ramos

Mezclar la hacienda es la cosa, ha sido, desde siempre. Que en nuestras lecturas haya la mayor variedad posible de razas vacunas -¿deberíamos decir etnias?-, que se crucen y que promuevan nacimientos monstruosos, virtuosos, fallidos, exitosos. Aunque parezca que sí, eso es lo más difícil: encontrar a quienes no conocemos es lo más arduo, por eso cuando pasa es tan grato. En la velada de mañana, jueves 26, vamos a tener el placer de escuchar al poeta Mariano Massone, a quien conocimos por el trabajo de otro querido poeta y difusor, nuestro amigo Martín Villagarcía. La poesía de Massone nos impactó por propia, por aguda, por sensible. ¡Qué fiesta cuando eso pasa¡ Queridas vaquitas de nuestro ajetreado campo cultural: mañana, en la presentación de la Colección Invierno de Carne Argentina, vengan a conocer a este joven escritor de Luján y a participar del enorme gozo del encuentro y la fricción de las literaturas consagradas y las emergentes. Para nosotros un despilfarro de fiesta al que las convidamos con muchas ganas.

José María Marcos es un gran narrador de historias. Y un poco habla como si leyera. Tiene ese don, que pocos tienen, de empezar a contar algo y tenerte enganchado hasta el final. Como la historia del payador apodado “Dejá que soplen los vientos” que se entretenía escribiendo cartas de lectores y llevándolas al diario de Ezeiza, donde trabaja José María, y que un día en medio de una charla cayó muerto del otro lado del mostrador. Eso no le pasa a cualquiera, ver morir a alguien y contarlo de forma grotesca y dramática a la vez. O cuando llamó a su mamá y ella no lo quiso atender porque en ese momento estaba viendo Tarántula en la tele. De tal palo, tal astilla. Porque otra de sus pasiones son las historias de terror. Tiene una biblioteca completa dedicada a Stephen King (electrificada para que nadie le robe ningún ejemplar) y otras cuantas bibliotecas con clásicos y contemporáneos del género. Como escritor también abraza el terror. Tiene publicado el libro de cuentos Los fantasmas siempre tienen hambre y, junto a su hermano Carlos, es responsable del prometedor sello editorial Muerde Muertos y de la novela homónima. Por si fuera poco, José María es un viejo y entrañable amigo de los Carne, así que nos pone muy contentos tenerlo en esta colección invernal, rescatando historias terroríficas y delirantes de nuestras pampas.
Mercedes Bisordi vive en los pagos saerianos de Rincón (Santa Fe). En sus relatos se cruzan personajes particulares: un domador de caballos gordísimo y temible que tiene voz de mujer; una vieja machona, fumadora y mandona, tan pero tan flaca que un día de tormenta es arrastrada por el viento y termina varias horas metida en pozo ciego; un croto de pueblo que anda envuelto en un colchón, su única pertenencia... por nombrar sólo algunos de los muchos y asombrosos que pueblan sus historias. La prosa de Bisordi es precisa al mismo tiempo que llena de matices; tiene una mirada sin concesiones al mismo tiempo que entrañable sobre el universo que cuenta. Y hasta que puedan leerla [todavía es una escritora inédita] los invitamos a escucharla en la Colección Invierno de Carne Argentina.
'Escrito con un nictógrafo' es su primer libro, un libro del tiempo en que Alejandra Pizarnik estaba viva, un libro de 1972, un momento muy vital del país con una enorme pulsión de muerte. En ese libro las letras son moscas blancas sobre una paleta negra, hay lo escrito, lo tachado y todo el tiempo está el tiempo de ese tiempo. Y como un augurio en ese libro también 'hay cadáveres'. Tal vez lo más luminoso es que sobre ese fondo negro de nictógrafo (una máquina para escribir en la oscuridad) hay siempre la conciencia de un escriba, hay una voz y hay un dueño de esa voz. Es, en relación con la idea común de un poemario, uno que está irradiado, uno que llega muy vivo después de 40 años, en la reedición de Interzona. Tras ese siguen muchos otros y llega el reconocimiento, entre otros nada menos que el de Lezama Lima. Queda para nosotros el disfrute de una poesía muy personal, muy arriesgada. Y aunque en la noche del jueves 26 de julio el poeta no vaya a leer tetxtos del libro que mencionamos es posible citarlo cuando afirmó en una entrevista 'reconozco en esa escritura los antecedentes de toda mi obra'. Estamos muy contentos de tener a Arturo Carrera en la presentación de la Colección Invierno de Carne Argentina. Quedan todos invitados.
Gabriela Cabezón Cámara leyendo a Juana de Ibarbourou
Mientras en los años 20 el mundo se ponía esplendoroso estas mujeres empezaban a decir la otra cosa. Esa sombra que crecía no era más que la luminosidad de unas escrituras llenas de vitalidad, de gozo desesperado. Resistidas y cuestionadas, aunque también celebradas, estas poetas escribieron, publicaron, vendieron libros y viajaron por el mundo dando conferencias. Pero ¿a quién puede ocurrírsele atornillar a una blanca palomita?
Mucho tiempo después, liberados de la instrucción milica de la escuela, con los años rebeldes amansados a fuerza de seguir vivos, volver a Alfonsina y a Juana, volver a Gabriela y llegar hasta la orilla de Josefina es desandar el camino y llegar a una fuente de completa maravilla que permanece ahí y nos aguarda. Lo que era candor vuelve a ser insolencia, lo que era pertinaz bobera vuelve a ser escritura sanguínea, soltería, autoridad.
A todas las conocíamos y hacía mucho que eran unas tías lejanas, o unas descentradas, o unas feas marimachos como gustaban nominarlas los necios que acusaban a la mujer hace casi un siglo. A Josefina Plá*, española de nacimiento y paraguaya por amorosa tozudez y devoradora decisión, nos la trajo nuestro querido amigo Humberto Bas, escritor también, también desaforado paraguayo. Gracias Humberto.
Y gracias a Gabi Cabezón Cámara, a Armenia Martínez, a Damián Vives y a la divine María Moreno por aceptar el convite y venir a deleitarnos con sus lecturas y su amorosa laboriosidad. Tenerlos es un lujo que agradecemos con humildad.
Buenas noches, muchas gracias por venir y que disfruten nuestro homenaje Las modernas.
* Josefina Plá, en realidad, tuvo su esplendor poético un poco más allá en el tiempo. Se la conoce como una poeta fundamental de la poesía del Paraguay de los años 40. Carne la hace convivir con Gabriela, Juana Y Alfonsina por el capricho de tenerla en nuestro ciclo.

LIX
Adherida a tu cuello, al fin, más que la piel al músculo, la uña a los dedos y la miseria a los hombres, a pesar de ti y de mí, y de mi alma y la tuya, mi cabeza se niveló a tu cabeza, y de tu boca a la mía se trasvasó la amargura y la dicha, el odio y el amor, la vergüenza y el orgullo, inmortales y ya muertos, vencidos y vencedores, dominados y dominantes, reducidos e irreductibles, pulverizados y rehechos.
En 1999 yo andaba recorriendo librerías de viejo y bibliotecas, buscando material para una antología sobre el erotismo en la literatura argentina, así me encontré con Poemas de amor, un libro de Alfonsina publicado en 1926. Ese mismo año Roberto Arlt se daba a conocer con El juguete rabioso y Ricardo Güiraldes agotaba la gauchesca con Don Segundo Sombra. Un año bisagra que marca el fin de una escritura y el principio de otra. Poemas de amor es una rareza en la poesía argentina y en la propia obra de Alfonsina, de una intensidad y una trascendencia que cuesta creer. Amor, deseo, erotismo, violencia. Alfonsina se anima a decir lo que la mayoría de las mujeres calla: podés amar a un hombre casado, podés desear a un hombre (solo desearlo), podés abandonarlo si dejaste de quererlo, podés ser madre soltera, podés deslomarte nueve horas en un negocio y además ser reconocida por tus pares varones, podés atacar a quienes te humillan. Alfonsina dice todo esto y más. Se entiende por qué tantas mujeres de su tiempo la adoraban, la recitaban, la perseguían para que les firmara sus libros. La poesía de Alfonsina es moderna en sus ideas, en su temperamento, en la intensidad autobiográfica. Por todo esto imaginamos que la voz de María Moreno, escritora y periodista, querida reincidente del ciclo, podía hacerla revivir. María Moreno lee Alfonsina, mientras la tribu se deleita.